Córcega es una isla que conserva su esencia salvaje, repleta de contrastes, donde la naturaleza cobra su máximo esplendor y se exhibe orgullosa en cada uno de sus rincones.
Natalia Acosta. Barcosderecreo.es
Los cruceristas aquí encuentran bosques frondosos, costas escarpadas, acantilados que se precipitan sobre el mar. Sus espectaculares fondeos dan lugar a excitantes y atractivos pasos entre islotes rocosos y bellas playas.
Una de las paradas obligatorias son las llamadas Bocas de Bonifacio, el estrecho que separa Córcega de la isla de Cerdeña, lo que constituye un reto para los navegantes debido a la dureza de sus condiciones meteorológicas. Aquí se encuentran las ciudades de Bonifacio y Porto Becchio, uno de los destinos preferidos por los visitantes, donde se pueden disfrutar de unas incomparables vistas rozadas por la dureza de los acantilados. Un bello contraste de color donde el blanco de la piedra conjugado con el turquesa del mar convierte a este paisaje en uno de los favoritos de sus visitantes.
En sus aguas se puede bucear y apreciar la variada fauna marina. Otra de las opciones pasa por visitar las islas de Lavezzi o Maddalena, así como poner rumbo a la costa oeste para conocer Ajaccio, o el Parque Natural Regional de Córcega, situado más al norte, que cuenta con una reserva natural en las que viven miles de especies y plantas protegidas. Todo un paraíso para los amantes de la naturaleza.
En la costa este de la isla, son múltiples los puntos de interés, pero uno de los más apreciados es el puerto de Bastia. Aquí hay que echar el ancla para visitas su museo etnográfico y poder disfrutar del folclore de sus calles, tocadas por la presencia gala. Aquí se puede disfrutar de una plácida navegación, para descubrir, más en profundidad el archipiélago toscano. Lo mismo ocurre con la isla de Elba, la joya de la corona. Además de ser una de las más bellas, por sus apreciados y suntuosos paisajes, es un lugar repleto de vida natural. Por algo Napoleón la escogió para su exilio.
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